Primeros Signos y Síntomas de la Embolia Pulmonar

Cada año, en Europa se registran entre 70.000 y 100.000 casos de embolia pulmonar.  De éstos, el 5% son graves y llevan a un pronóstico potencialmente mortal. A pesar de los avances en el diagnóstico y la terapia, la incidencia de esta enfermedad potencialmente mortal, que puede prevenirse en varios casos, no disminuye.

Definición de la Embolia Pulmonar

Una embolia pulmonar es causada por la obstrucción de una arteria pulmonar por un coágulo sanguíneo. En 9 de cada 10 casos, el coágulo se adhiere a la pared de una vena profunda en el abdomen, pelvis o miembro inferior, migra al torrente sanguíneo y se detiene en una arteria pulmonar. La embolia pulmonar es la causa de muchas muertes.

Su aparición puede verse favorecida por trastornos de la coagulación sanguínea, un largo recorrido en posición sentada (avión, coche, etc.), pero también por intervenciones quirúrgicas, incluyendo cirugía ortopédica (prótesis de extremidades, etc.), inmovilización prolongada, embarazo o parto, aumento del volumen total de glóbulos rojos (poliglobulias), cáncer o insuficiencia cardíaca o insuficiencia respiratoria.

Síntomas de la Embolia Pulmonar

La insuficiencia circulatoria y la insuficiencia respiratoria son las posibles consecuencias de una embolia pulmonar. Dependiendo de su importancia, puede presentar los siguientes síntomas: ansiedad, taquicardia, fiebre leve, dolor torácico que se siente como una puñalada o sutura lateral, malestar respiratorio que puede ir acompañado de esputo sanguíneo y, a veces, paro cardíaco.

Los signos de trombosis venosa de una pierna a veces se asocian y refuerzan la sospecha diagnóstica: extremidad hinchada, dolorosa e indignada con mayor calor local en comparación con la otra pierna.

Estos signos se encuentran al nivel de los terneros

Los síntomas principales de una embolia pulmonar son dificultad para respirar (disnea), dolor torácico, tos, esputo sanguíneo (hemotysia). Fiebre, sudoración, sudoración, fiebre, y

cianosis de las extremidades, taquicardia y a veces un síncope, malestar. Algunas embolias pulmonares pueden causar arterias cardiovasculares circulatorias.

Diagnóstico de la Embolia Pulmonar

El diagnóstico se basa en los signos descritos por el paciente. El examen clínico es en general poco contributivo y puede permitir encontrar un pulso rápido, un pulso ligero, la ausencia de anomalías en la auscultación de los pulmones, signos de trombosis venosa profunda.

Para confirmar el diagnóstico, se puede prescribir inicialmente una radiografía de los pulmones y un electrocardiograma. Un análisis de sangre con ensayo D-Dimer eliminará el diagnóstico de embolia pulmonar en caso de valor normal.

A menudo, se realiza un ultrasonido doppler de los miembros inferiores en busca de trombosis venosa. En caso de signos preocupantes, una gammagrafía pulmonar o angioescáner (escáner con opacificación vascular) confirmará el diagnóstico.

Tratamiento de la Embolia Pulmonar

La hospitalización es esencial para la embolia pulmonar. Permitirá una evaluación y tratamiento óptimo con supervisión para evitar complicaciones. Al paciente se le administra oxígeno y se le administran anticoagulantes para prevenir la aparición de nuevos coágulos y la extensión de los ya existentes.

En los casos más severos, se puede realizar cirugía. Después de la curación, el paciente tendrá que tomar anticoagulantes durante varios meses o incluso de por vida.

Tratamiento anticoagulante de la Embolia Pulmonar

Inicialmente se prescribe heparina en forma subcutánea o intravenosa. Las antivitaminas K luego toman el control de la heparina y generalmente se recetan durante varios meses.

Los fibrinolíticos se pueden prescribir en formas severas: permiten que la trombolisis de fármacos disuelva parte de los coágulos que bloquean las arterias pulmonares.

Prevención de la Embolia Pulmonar

La prevención implica caminar y movilizar las piernas en caso de inmovilización prolongada (viaje en avión, etc.), así como el levantamiento precoz después de una cirugía de riesgo, llevar medias de compresión para favorecer el retorno venoso de las extremidades inferiores y prevenir la trombosis. En caso de situaciones de alto riesgo, se pueden administrar anticoagulantes como dosis preventiva.

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